La publicidad bombardea hoy en día la vida de las personas con el propósito de dar a conocer los productos que según los anunciantes, son ideales e imprescindibles para la vida del mismo. Pero… ¿hasta que punto el espectador presta atención? ¿Qué tipo de publicidad tiene el mayor efecto deseado?
La respuesta a estas preguntas es compleja, ya que la mayoría de las personas tiene como idea de la publicidad que es “un método engañoso para comprar más, compuesto por mensajes subliminales que incitan a dicha acción”. Ante esto, ¿cómo se actúa?
Es muy grande la demanda de revistas compuestas prácticamente por publicidad, en la cual se ven magníficos modelos que nos anuncian un producto que en muchas ocasiones ni ellos mismos usan. La realidad es que la publicidad, engañosa o no, cumple sus deseos. Ejemplo de esto es que la mayoría de las mujeres compran cremas que vendan personas famosas o desconocidas con las que se vean más afínes. Entonces, ¿esto no sería contradictorio con la definición anterior? Si sabes que te “engañan”, porque lo compras…
Si nos pusiésemos a contar cuantas veces nos dejamos llevar lo que vemos, nos sorprenderíamos a nosotros mismos. En las tiendas de ropa, afirman que 1 de cada 10 personas piden prendas que se muestre en el escaparate, en ocasiones incluso sin haber visto el establecimiento.
Nada asegura que un anuncio sea efectivo al 100%, ni que sea engañoso ni mucho menos, ya que la culpa de si es o no un mundo imaginado no es del todo del publicista, sino del anunciante, el cual pone sus objetivos y los medios que desea tener para lograrlo. Es gracioso, porque la culpa se hecha a los publicistas en vez de a los propios anunciantes, los cuales
La respuesta a estas preguntas es compleja, ya que la mayoría de las personas tiene como idea de la publicidad que es “un método engañoso para comprar más, compuesto por mensajes subliminales que incitan a dicha acción”. Ante esto, ¿cómo se actúa?
Es muy grande la demanda de revistas compuestas prácticamente por publicidad, en la cual se ven magníficos modelos que nos anuncian un producto que en muchas ocasiones ni ellos mismos usan. La realidad es que la publicidad, engañosa o no, cumple sus deseos. Ejemplo de esto es que la mayoría de las mujeres compran cremas que vendan personas famosas o desconocidas con las que se vean más afínes. Entonces, ¿esto no sería contradictorio con la definición anterior? Si sabes que te “engañan”, porque lo compras…
Si nos pusiésemos a contar cuantas veces nos dejamos llevar lo que vemos, nos sorprenderíamos a nosotros mismos. En las tiendas de ropa, afirman que 1 de cada 10 personas piden prendas que se muestre en el escaparate, en ocasiones incluso sin haber visto el establecimiento.
Nada asegura que un anuncio sea efectivo al 100%, ni que sea engañoso ni mucho menos, ya que la culpa de si es o no un mundo imaginado no es del todo del publicista, sino del anunciante, el cual pone sus objetivos y los medios que desea tener para lograrlo. Es gracioso, porque la culpa se hecha a los publicistas en vez de a los propios anunciantes, los cuales
